LA INSOPORTABLE NECEDAD K

Con bastante frecuencia suele escucharse a politólogos y analistas aseverar que una de las mas necias caracteristicas del kirchnerismo es culpabilizar a otro u otros de hechos o situaciones ilícitas sin admitir las propias, aun cuando las evidencias condenan abrumadoramente a los popes de ese sector politico. Esta vil actitud de transferencia se ha repetido con acentuado vigor estos ultimos dos años en los que la gestion de Alberto Fernandez ha incurrido en gruesos e insólitos errores y escándalos que este laxo gobernante en lugar de enmendarlos ha tratado absurdamente de justificarlos sosteniendo públicamente que en la gestión anterior los desaciertos hubieran sido peores. Una procacidad total. Lo de siempre: la culpa la tiene el otro. Tambien está la desfachatada variante de justificar la propia corrupción con los ilìcitos del otro. Un descaro, porque una cosa no hace admisible ni exculpa la otra.

A decir verdad esta cinica actitud del kirchcnerismo no debería asombrar a los analistas. No hacerse cargo de los errores esta en el ADN de nuestra idiosincracia argentina. Somos escencialmente hipócritas y falsamente modestos. La autocrítica no es precisamente nuestra virtud. La culpa es siempre del otro. El otro es el que siempre está equivocado, nunca nosotros. No es dificil de comprobarlo, esa actitud está presente en la vida cotidiana. Es una conducta observable cuando tratamos de dirimir cualquier cuestion. Nunca un diálogo para acordar o reflexionar juntos. En vez de escuchar y procesar los argumentos de nuestro interlocutor, estamos pensando como retrucarlo en la discusión porque el objetivo es ganar, descalificar; aun utilizando los recursos mas falaces. Es un comportamiento patético.

Hace algunos años atras, cuando Jorge Bergoglio aun era Cardenal, supo decir durante la trigésima cuarta peregrinacion a la virgen de Lujan: “En la familia, el trabajo, el barrio y el pais cambiarian las cosas si los argentinos aprendiéramos a escucharnos”. Lo que nos impide escuchar “es el querer imponer lo que yo siento, lo que yo creo lo que yo quiero. Es como querer dominar al otro o prescindir del otro o simplemente estar tan centrado en uno mismo que no me interesa el otro. Entonces vamos como borrando al otro de mi panorama y el mundo termina en nuestra piel y no dejamos lugar para  otro”. No creo que, el hoy Papa Francisco, haya cambiado de opinion. Como una tarea pastoral deberia imponer esa premisa al kirchnerismo que comulga con el, aunque colijo que sería una tarea improba para el jefe del Vaticano. Dudo tambien que esa dirigencia política este dispuesta a aceptarla. Tal vez la acate, pero de ahi a cumplirla hay un largo trecho. Su soberbia no lo permitiría. Tampoco su naturaleza tiránica.-

                                    

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