DOS FUNCIONARIOS EN APUROS

Exhibiendo un deficit total de recursos apologéticos y una exasperante torpeza, Jorge Mukdise, intendente de Las Termas de Rio Hondo y Marcelo Barbur ministro de Gobierno, incurrieron en el desatino de tomar como eje de sus explicaciones la distancia recorrida por el padre con su hija herida. Un criterio tan primario como absolutamente necio. «No caminaron cinco kilometros, caminaron 70 metros…» señaló Barbur. Mukdise fue mas allá: «De ninguna manera caminaron 5 kilometros, eso es erroneo y malintencionado», dijo el intendente que mas tarde, en declaraciones radiales, apuntó que «hay un sector de la prensa y la politica que quieren sacar un redito de esto y es totalmente repudiable». Desde luego, como sucede en estos casos y en politicos de esa tendencia, Mukdise no identificó a quienes y a que medios estaban destinadas sus imputaciones. Una agachada deleznable.

En otro de los párrafos de sus declaraciones, los funcionarios mencionados, tratando de aclarar y justificar lo injustificable, tampoco coincidieron en otro hecho irrelevante: el tiempo que Abigail y sus padres tuvieron que aguardar esperando la autorizacion que les permitiera continuar viaje. Para Barbur, a los 20 minutos de solicitada ya estaba la autorIzacion oficial. Para Mukdise que calificó de «error grave» el altercado, fue «…una hora 20 minutos para cruzar». Una desprolijidad inadmisible que demuestra palmariamente que uno y otro tocaban de oido. Incongruencias inaceptables en quienes manejan sectrores de la cosa pública. Es mas, todo se parecio a un paso de comedia mandado a ensayar de urgencia para sacar las castañas del fuego a los responsables de estos operativos. Nobleza obliga a reconocer que si bien este es un caso extraordinario, no son pocos los transtornos que vienen registrándose en las fronteras.

El daño que recibio Abigail y su familia ya está hecho. Tal vez una forma de reparar, aunque mas no sea minimamente, seria que estos dos funcionarios que, trastabillantes salieron a escena, se ocupen de emprolijar sus actuaciones exigiendo que se determinen responsables de este penoso hecho y reclamen medidas punitivas para quienes hayan incurrido en falta.

«La búsqueda de la verdad constituye un imperativo ético, ya que resulta inmoral prescribir conductas a partir de premisas falsas o de suposiciones indemostrables» , sentenció alguna vez el filosofo J.P. Feiman. Sirva esta reflexión en este caso, para que las autoridades tomen como imprescindible promover un analisis exahustivo del caso para esclarecer la situacion a la luz de la verdad y, sin ambages, determinar la causal operativa y logistica de este desgraciado hecho y de otros de distinta envergadura, pero igualmente perturbadores, que -reiteramos- desde hace bastante tiempo vienen produciendose en nuestros limites fronterizos. Es justo reconocer tambien que en varias ocasiones la policia tuvo que ser inflexible en casos de transgresiónes, desacatos y agresiones, pero tambien es cierto que en la firmeza policial debe radicar la templanza que es la virtud que le pemitirá aplicar el sentido comun conforme la naturaleza de los hechos. Esto en criollo básico significa decir que las fuerzas del orden deben obligarse a separar la paja del trigo en sus actuaciones y ser instruidas para ese proceder. Que el celo excesivo en la accion -que en algunos casos puede justificarse sin avasallar derechos y garantías ciudadanas- no los prive de aplicar el buen criterio y sentido común segun las circunstancias.-

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