LA MINISTRA Y LOS NECIOS DE SIEMPRE

El «ceterismo» (por CETERA) educativo degradó a tal punto la educación pública argentina que terminó privatizándola: aun las familias de la clase media pauperizada eligen ajustarse al máximo, si pueden, para huir de la escuela estatal, corridas por las huelgas constantes, los días de clases perdidos y el abandono general de lo que alguna vez fue nuestro orgullo. En medio del debate por la reapertura de las aulas y la polémica abierta en torno a la figura de Nicolás Trotta, la ministra Soledad Acuña se lanzó a pulsear en el barro con verdades políticamente incorrectas y, como era de prever, fue mediáticamente acribillada por el aparato de poder de la coalición gobernante.

Los medios filo-K manipularon a su gusto lo que, en verdad, dijo en un video que se viralizó y los sindicatos docentes porteños, alineados con el kirchnerismo y la izquierda, la están empujando a renunciar.El inefable Baradel, devenido infectólogo amateur durante la pandemia, asumió la misma narrativa de Kicillof con respecto a la pobreza (cuando se negaba a medirla por ser, según él, un acto «estigmatizante») y la acusó de «discriminar» a los docentes. Angélica Graciano, líder de UTE (la expresión porteña de Ctera), consideró que la ministra nos está llevando a los lugares «más oscuros de la dictadura». Otro pope sindical, Jorge Adaro, la tildó directamente de «fascista», con esa irresponsabilidad tan argenta de banalizar las tragedias históricas. Y la dupla Hugo Yasky y Eduardo López, desde la CTA, llaman en las redes a repudiarla. López es el esposo de Graciano y, en la práctica, funciona como el Baradel porteño. Pero ¿qué pecado tan horrible cometió la ministra? Describió con datos duros un extenso estudio, que explora en el perfil de ingresantes a la formación docente a nivel nacional.

Allí se revela que los aspirantes a enseñar pertenecen a sectores socioeconómicos más bajos que 20 o 30 años atrás. Lo mismo sucede con la policía. Un dato que no sorprende a nadie, en un país que ha logrado cosechar un 50 por ciento de pobreza. Uno de los problemas del kirchnerismo es su pelea con la realidad.

Parrafos de un articulo de Laura Di Marco en La Nacion, sobre el ataque de fanatismo K a Soledad Acuña que expresó una verdad incontrastable pero lesiva para los cultores del adoctrinamiento en las aulas

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