La trama política y el lobby económico detrás de la vacuna

Por LAURA DI MARCO

Nos vamos a meter en la trama política y el lobby económico que hay detrás del gran anuncio -muy esperanzador para todos, por cierto- que hizo ayer el presidente Alberto Fernández respecto de que la Argentina va a producir la vacuna contra el Covid-19.

Una vacuna a la que, según dijo, se podrá acceder durante el primer semestre de 2021 y que es fruto de un convenio entre el laboratorio británico Astrazeneca, la Universidad de Oxford y el Grupo Insud de Hugo Sigman.

Sigman, dueño de un emporio farmacéutico, hoy explicó que este es un «acuerdo entre privados», y que los gobiernos no tienen nada que ver.

Más adelante te vas a dar cuenta que esto no es tan así.

En América Latina sólo dos países tienen capacidad para fabricar vacunas, uno es Brasil, otro es la Argentina.

Entonces, como tenemos tan malos indicadores en tantas cosas, te preguntás: ¿por qué la Argentina está tan bien posicionada en este plano?

Primero, por la formación de sus científicos pero, además, por otro factor clave: la capacidad de lobby político de la industria farmacéutica y la cercanía de algunos de sus jugadores esenciales con el kirchnerismo.

Hablamos de los poderosos laboratorios.

A diferencia de otras industrias -muy reguladas con impuestos-, la industria farmacéutica ha sido históricamente beneficiada, entre otras cosas, con exenciones impositivas muy generosas.

Detrás de la producción de la vacuna en la Argentina hay tres protagonistas que quiero mostrarte y que están muy vinculados a la política y a este gobierno.

Uno es Juan Manzur, médico, gobernador de Tucumán y principal aliado de Alberto Fernández. Fue ministro de Salud de Cristina Kirchner y está muy conectado con el empresario productor de la vacuna, Hugo Sigman.

Tan conectados están que los autores de una biografía sobre Manzur, colegas de La Gaceta (A su salud, la historia del ministro más rico de la era k) le dedican un capítulo a Sigman.

Más aún: Manzur estuvo ayer todo el día en Buenos Aires, protagonizando de cerca el anuncio.

Según afirman cerca del Presidente, Sigman fue un aportante en la campaña de Alberto Fernández.

El tercer protagonista de esta trama es el ministro Ginés González García que, en 2003, es quien lo mete a Manzur en la política.

En 2010, ocurrió una trama muy similar a la actual con la gripe A: Cristina Kirchner anunciaba la producción de la vacuna en la Argentina.

Y adiviná cuál fue el laboratorio que se benefició con la producción de la vacuna por la gripe A: el Grupo Insud, de Sigman, en un convenio muy parecido con un laboratorio extranjero.

¿Y quién era ministro de Salud durante la gripe A? Manzur. Todos nombres que se repiten.

Manzur sucedió a Graciela Ocaña, que se va del gobierno en 2009. De acuerdo a este convenio el gobierno argentino se comprometía a comprar entre 10 y 12 millones de dosis de vacuna para la gripe «A».

¿Y qué pasó con esas dosis?

Según la diputada Ocaña, la mitad de esas dosis nunca llegaron a la gente y no se sabe dónde están. Va a hacer un pedido de informes para averiguar el destino de estas vacunas.

Por eso hay que estar muy atentos y vigilar la comercialización de esta nueva vacuna.

Cuando arrancó la pandemia, la minera Barrick le donó al Gobierno unos 200 mil kits de testeos que le compró, ¿a qué grupo? El grupo Insud.

Cuando se discutió la ley de vacunas se dispuso este delirio: la obligatoriedad de tener todo el calendario de vacunas al día para poder acceder al registro automotor.

No hace falta ser muy sagaz para darse cuenta a qué conglomerados beneficia esta ley.

Además de ser un gran jugador internacional en el mercado de los laboratorios, Sigman devino en un mecenas.

Produjo exitosas películas como El Secreto de sus Ojos, El Clan, Relatos Salvajes. Su grupo está en 46 países y factura unos 1500 millones de dólares al año.

Su nombre saltó a los diarios en 2016, cuando sus empresas quedaron envueltas en una polémica por la importación de efedrina. La efedrina y pseudoefedrina son usadas para muchos antigripales, pero también como precursores para drogas sintéticas, como las metanfetaminas.

La carrera por tener la vacuna obviamente no solo es un tema sanitario sino geopolítico. Rusia acaba de registrar una vacuna sin haber completado las fases necesarias para comprobar si es segura en seres humanos.

Pero el presidente Fernández parece haber pasado por alto este detalle. Felicitó a Putin -aliado de Cristina Kirchner- con una carta insólita.

«Felicitaciones por un logro que quedará entre las páginas indelebles de la historia de la medicina mundial», a pesar de las dudas de toda la comunidad científica.

Vos escuchás toda esta trama y te preguntás: una cultura autoritaria, como es el kirchnerismo, ¿cómo no va a querer limitar la libertad de expresión, si cada vez que contás la verdadera trama les estás arruinando el relato?

Desde este lugar se entiende la propuesta de Oscar Parrilli, que es alter ego de Cristina.

Parrilli propuso que la reforma judicial, que impulsa su jefa, incluya un artículo para regular al periodismo de investigación y al periodismo de opinión porque eso sería, según Parrilli, considerado una presión sobre la Justicia.

En una palabra: limitar el trabajo de los periodistas es propio de los gobiernos autoritarios, no de las democracias.

Y cuando hablamos de libertad de expresión no estamos defendiendo un privilegio de los periodistas, sino un derecho tuyo, de toda la sociedad, de conocer la trama oculta de lo que el poder quiere ocultar. Cualquier poder.

Extraido del diario LA NACION

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