VOLVER A LA ESCUELA BAJO PROTOCOLO

Por Licenciada Patricia Nuñez

¿Qué sentido tiene volver a la escuela y no poder jugar a la «pilladita», a las «escondidas», a la «vieja congelada» y tantos otros juegos?

Doy inicio a este artículo con esta pregunta que, seguramente,  nos la hacemos todos los que pensamos que la escuela es mucho más que un lugar por donde circula el conocimiento. 

Durante todo el período de la ASPO se puso en cuestión la socialización de los niños/niñas y adolescentes vinculado el cierre de la escuela, en virtud de que gran  parte de su vida cotidiana, la pasan en ella. Pero ahora que estamos en otra etapa, en la que se puede reinstalar la socialización pero con distancia física, en el barrio, con los primos y amigos,  parte del problema que ocasionó el Aislamiento Preventivo y Obligatorio, se fue mitigando. 

Hemos transitado la mitad del año escolar bajo la modalidad de la enseñanza y el aprendizaje virtual. En casi seis meses de cuarentena singulares cambios han sucedido en el entorno educativo de los estudiantes. Un ejemplo de ello son los nuevos términos incorporados al vocabulario de los chicos y chicas, donde se escucha, el pdf, el word, el whatsapp web, el zoom, la plataforma virtual, la classroom, etc. De pronto la expresión «mi escuela», «mi seño», «mi aula», se transformó en el «grupo de la seño», «el zoom de la seño», pero lo mas interesante es el empoderamiento desarrollado por las familias, en general,  en el plano educativo.

Volviendo sobre la pregunta inicial de este artículo, se me ocurren varias respuestas. El sentido de la escuela adopta visiones diferentes. Puede que  la escuela aparezca como complemento de las funciones inherentes a la familia (asistencia, cuidado, alimentación, crianza), puede que se la entienda como la que permite el acceso a mejores condiciones de vida y mejor posicionamiento social, puede que se la entienda como el lugar donde se juega y se hacen amigos. Lo cierto es que todas esas visiones forman parte de una gran premisa: la escuela es importante para la sociedad.

Dicen que se valoran mejor las cosas cuando se las pierde. A pesar de las medidas adoptadas por el gobierno para hacer frente a la pandemia por COVID 19, la valoración positiva por la escuela se puede apreciar desde distintos indicadores: la respuesta favorable (en su mayoría) a la enseñanza virtual por parte de las familias y estudiantes que, a pesar de tener que sostener por su cuenta la conectividad y los soportes tecnológicos, han permanecido fieles a las propuestas de sus maestros/as en el escenario de lo virtual, el trabajo compromiso de la docencia en general que, también asumieron los costos de la conectividad y de los soportes tecnológicos, sin importar la cantidad de horas trabajadas, ya que en muchos casos tuvieron que pasar muchas horas viendo un tutorial para comprender una plataforma o una aplicación, que les permita llegar a sus alumnos y padres. Estudiantes, docentes y familia, en su gran mayoría, demostraron cuánto se valora a la escuela en esta situación de pandemia. De un modo u otro, la virtualidad ayudó a  mantener el sentido de la escuela como la que permite el acceso a mejores condiciones de vida y posición social. 

Las autoridades nacionales y provinciales aprobaron un protocolo para volver a las escuelas bajo medidas de distanciamiento físico y de manera gradual. Cuesta bastante imaginar cómo harán los niños, niñas y adolescentes para estar en la escuela, con fuertes limitaciones, para jugar, conversar, encontrarse, hablar, redescubrirse entre compañeros después de tanto tiempo. Se habla del aula burbuja,  de la rotación de grupos de estudiantes y de horarios, de la continuidad del sistema virtual como parte de una modalidad mixta para seguir enseñando y aprendiendo. Se trata de una vuelta a la escuela con significativos cambios en el plano del comportamiento de los actores escolares y nuevos interrogantes emergen en este escenario, ¿es posible pensar en nuevas pautas de comportamiento que se incorporen al código de convivencia o al reglamento escolar? ¿qué pasará cuando algún estudiante no pueda cumplir con esas pautas? 

La vida y el vivir cotidiano tiene sus propios riesgos. El cuidado como medida de protección, es una función tan vieja como la humanidad y fue adoptada por los Estados para hacerla homogénea y de alcance mayoritario. La pandemia por el Covid 19, ha puesto en tensión la función y, pareciera ser que todo lo que hasta ahora se tenía como pautas de prevención para cualquier amenaza a la salud publica, resulta insuficiente. En este sentido y con un protocolo escolar aprobado con un marcado énfasis en el distanciamiento social, ¿qué se espera de la escuela?  ¿qué se espera de los estudiantes y sus familias? ¿qué se espera de la docencia?

La licenciada Patricia Nuñez es psicopedagoga y diputada provincial

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