ALEM: UN GRITO DE LIBERTAD

Por Nicolas Cereijo

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Docente en UBA y UTDT. Director del sitio Voces Políticas

Militante incansable de la libertad y de los intereses nacionales, fue un claro ejemplo de honradez y moral cívica, elementos ponderados en la actualidad por su triste ausencia. Es hijo de un almacenero federal rosista que fuera fusilado, colgado en una horca y exhibido al pueblo tras la derrota de Rosas. Tenía solo 11 años cuando vio como ejecutaban a su padre, junto a Ciriaco Cutiño, por su pertenencia a la mazorca rosista. Fue el 29 de diciembre de 1853 en la Plaza Independencia, que ocupaba un terreno entre la actual avenida Independencia, Bernardo de Irigoyen, Tacuarí y Estados Unidos. Muy a pesar suyo, comenzaron a llamarlo «el hijo del ahorcado». El joven Leandro tomó la decisión de modificarse el apellido, cambiando la «n» por la «m». Aún es motivo de controversia el significado de la «N.», que se interpreta como Nicéforo. También firmaba como «Ln. Alem». Cuando le preguntaban qué significaba la «n» minúscula, respondía «nada. Eso significa». A pesar de crecer sumergido en la pobreza absoluta pudo realizar los estudios secundarios e ir a la Universidad. Con apenas 17 años, participó en los ejércitos urquicistas para derrotar a los díscolos bonaerenses, contra quienes guardaba rencor por el asesinato de su padre. Dos años más tarde, sin embargo, se unió a las filas de Bartolomé Mitre, para luchar contra Urquiza, y poco después también participaría de la Guerra del Paraguay, siendo herido en Curupaytí. En 1868 se incorporó al partido Autonomista de Adolfo Alsina y al año siguiente se graduó de abogado. Fue secretario en la legación argentina en el Brasil y vicecónsul en Asunción del Paraguay. Logra llegar a la Legislatura Provincial en 1872 y un año más tarde participa del sofocamiento del alzamiento mitrista en Buenos Aires. Luego se enemista con Alsina, forma el Partido Republicano con Aristóbulo del Valle, resultando así electo diputado nacional y rechaza la cesión de Buenos Aires al dominio nacional en 1880. Su participación fue relevante en las Revoluciones del Parque y Radical de 1893. Como en todo proceso orgánico partidario, Alem acentúa sus diferencias fundamentalmente con su sobrino, Hipólito Yrigoyen, que lo llevan a una profunda depresión que termina con el fatal suicidio el 1 de julio de 1896. “Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. Adelante los que quedan”, escribió antes del disparo fatal en un carruaje camino al Club Progreso. La mesa, donde habían depositado su cuerpo la trágica noche del 1 de julio de 1896, aún se conserva como un tesoro en el Club del Progreso. De sus reflexiones quedará impregnada una máxima radical: “Que se rompa, pero que no se doble”. Luchador inquebrantable de la libertad y la democracia, este es un pequeño homenaje a un emblema de nuestra democracia y padre del primer partido democrático y moderno, cuya libertad e igualdad son sus pilares básicos e inquebrantables.

(Fuente www.perfil.com).

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